A Margarita debo mi segundo nombre de seudónimo, le debo algo y es una pequeña forma de pagárselo. Estuvo a punto de morir una vez y fueron dos años de lucha para sacarla adelante.

Mi gran amiga, entró en casa con cuatro años y se adaptó perfectamente, es buenísima, ahora tiene ocho añitos y creo que es muy feliz.

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