Te quiero como a las rosas rojas… 

La edad se me vino encima como una lluvia de pétalos de rosa, el reloj con sus manecillas descontroladas y sin consideración hicieron tic tac una y otra vez para recordármelo, y yo, ¿cómo podría detener el tiempo  para que mi existir no se apagase como lo hacía una vela encendida?.

Es el tiempo el que marca mi vida hoy. Ya son cuatro décadas y parece que fue ayer cuando era una adolescente de piel tan tersa, muy delgada y de  larga cabellera color azabache, siendo aquella que con mi juventud comunicaba mil emociones, todas aquellas  que en mi corazón nacían.

Quería descubrir el mundo, quería vivir de prisa. Mi vida transcurría viviendo minuto a minuto y segundo a segundo todo lo que Dios me dio  felizmente.

Me parece que sus manecillas son muy crueles porque ya no soy esa adolescente llena de vida, tan sólo me quedan miles de emociones tan vivas y aún presentes, y el reloj, que con su rápido tic-tac tic-toc y el mover sus bracitos de cobre no me dejan olvidar  que aún sigue la vida mía corriendo y que me llevará todavía más lejos de lo que estoy ahora…

Se acabó el momento de los sueños de joven y de imaginar los buenos momentos, es hora del retroceso y de vivir lo peor de la edad, de padecer penosas enfermedades que poco a poco nos irán llevando a la muerte, de pensar en los hogares de la tercera edad y puede que en los malos tratos a una vieja abandonada que pronto seré, pero también es hora de olvidar las frustraciones porque hay que seguir viviendo, pese a todo y ahora aún con más fuerzas, con más ganas y pensando menos en lo que de jóvenes nos hacía ser tan diferentes.

Anuncios